“Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón.”
Samuel ya estaba impresionado con Eliab, el hermano mayor de David. Dios corrige la mirada del propio profeta antes de revelar su elección.
Israel ya había escogido a Saúl por su estatura impresionante, y eso falló. Dios se niega a repetir el mismo criterio humano de nuevo.
La decisión de Dios ya estaba tomada antes de que Samuel formara su propia opinión. El juicio divino llega antes que las primeras impresiones humanas.
Es natural y humano juzgar por lo que los ojos alcanzan. La Escritura no condena esto como maldad, solo como limitación.
David, el más joven, olvidado en el campo con las ovejas, es exactamente a quien Dios ya había escogido. El lugar más escondido puede albergar el llamado más alto.
Actúa: piensa en alguien a quien has juzgado por su apariencia o posición, y ora hoy pidiendo a Dios que te ayude a ver a esa persona como Él ve su corazón.