“Respondió Rut: No me ruegues que te deje, y me aparte de ti; porque a dondequiera que tú fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios.”
Rut ya tenía un camino fácil de regreso a casa. Su negativa a irse es la primera señal de un amor que escoge quedarse, aun sin garantías.
Ella no pide un destino seguro, solo la dirección de Noemí. El amor verdadero sigue a la persona antes de conocer el lugar.
Rut, moabita, abandona su identidad nacional para unirse al pueblo de Israel. Pertenecer a Dios siempre cuesta pertenecer a algo antiguo.
La lealtad a Noemí se convierte en fe en el Dios de Noemí. Muchas veces llegamos a la fe siguiendo a alguien que ya la lleva.
Este voto de lealtad abre la puerta para que Rut entre en el linaje de David y, más tarde, de Cristo. Dios teje la fidelidad extranjera en su propia historia.
Actúa: piensa en una relación o compromiso que has pensado en abandonar, y ora pidiendo a Dios gracia para hacer el voto de Rut allí.