“Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca.”
El sufrimiento es real, pero tiene plazo; la gloria es eterna y no lo tiene. Pedro pone el dolor dentro de un paréntesis corto en la historia de Dios.
No es gracia para algunos casos; es toda la gracia para toda herida. No hay quiebre en tu vida sin provisión correspondiente.
Tu llamado apunta a la gloria eterna en Cristo, no al dolor presente. El destino de la historia es más grande que este capítulo.
La restauración no se delega. Dios mismo se compromete a hacer la obra, con sus propias manos, en tu vida.
Perfeccionar, afirmar, fortalecer, establecer: Dios no remienda por encima — reconstruye con cimientos.
Actúa: antes del desayuno, dale gracias a Dios por un área que él ya empezó a restaurar — di su nombre en voz alta.