“Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia.”
El amor de Dios por ti no empezó cuando mejoraste — es eterno. Precede a tu historia y la sobrevive.
Dios declaró este amor a un pueblo en ruinas, lejos de casa. Sus promesas más tiernas suelen llegar en los capítulos más oscuros.
Dios no arrastra — atrae. El amor fiel del Padre tira del corazón con cuerdas de bondad, nunca con cadenas.
Este amor ya cruzó generaciones sin fallar ni una sola vez. El historial de Dios es el fundamento de tu confianza hoy.
Las estaciones cambian, los sentimientos oscilan — el amor eterno permanece. Deja que él, y no tu ánimo, diga quién eres.
Actúa: antes del desayuno, lee Jeremías 31:3 en voz alta poniendo tu nombre en el versículo — y empieza el día como alguien amado desde siempre.