“Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen.”
Cualquiera ama a un amigo; la gracia sube más alto. Amar a un enemigo es donde el Reino deja de sonar bonito y se vuelve sobrenatural.
Jesús une amor y oración porque la oración va adonde el sentimiento se niega a ir. Es difícil odiar a quien llevas a Dios cada día.
El Padre da sol y lluvia a justos e injustos. Amar a un enemigo es la manera en que sus hijos se parecen a Él.
Este amor no es un sentimiento que se espera — es pan compartido, ofensa perdonada, bondad elegida a propósito.
Desde la cruz oró por los hombres que clavaban los clavos. Cada orden que da, Él ya la cumplió primero.
Actúa: antes del desayuno, ora por la persona que te hirió hace poco, mencionando su nombre — y pide a Dios que la bendiga de verdad.