“Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.”
Dios da su gracia como el maná: suficiente para hoy, nueva cada mañana. Nunca entrega por adelantado la porción de mañana.
La preocupación arrastra a hoy el problema de mañana, pero sin la fuerza de mañana. Jesús lo dice claro: déjalo donde pertenece.
Él nunca prometió un día sin problemas: "basta a cada día su propio mal". Confiar no es fingir; es cargar menos.
La obediencia siempre sucede hoy. Pregúntate cómo se ve la fidelidad en las próximas horas, no en los próximos años.
El mañana es desconocido para ti, no para Dios. El que te sostiene hoy ya te espera en el mañana.
Actúa: escribe una preocupación sobre el mañana y, al lado, un paso fiel posible hoy — y dalo antes del desayuno.