“Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; y veré la sangre y pasaré de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto.”
La sangre no protegía sola — necesitaba ser aplicada en la puerta con las propias manos. La fe de Israel se veía en la obediencia del gesto.
Dios no dice "cuando ustedes tengan suficiente fe", sino "cuando yo vea la sangre" — la seguridad descansaba en la señal, no en el sentimiento.
El nombre Pascua nace exactamente de esta promesa — Dios pasando por encima del juicio por causa de una vida entregada en lugar de otra.
La plaga golpeó a todo Egipto aquella noche — lo que separó las casas no fue la nacionalidad, sino la sangre en la puerta.
Este cordero pascual apunta hacia adelante, a otra sangre que cubriría no solo una noche, sino toda la historia.
Actúa: Antes del desayuno, toca el marco de una puerta de tu casa y agradece a Jesús en voz alta por la sangre que ya te cubre.