“No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.”
Jesús dijo estas palabras en ayuno, en el desierto. Lo que buscas cuando estás vacío revela de qué vives.
El pan llena el estómago y puede dejar el alma hambrienta. Hay en ti un hambre que solo la voz de Dios sacia.
“Toda palabra que sale de la boca de Dios”: la Escritura no es un suplemento, es el alimento básico. Léela como comida, no como postre.
Bajo tentación, Jesús respondió con la Escritura que sabía de memoria. La Palabra sostiene justo donde la vida más aprieta.
El maná no se podía almacenar, y la intimidad tampoco. La lectura de ayer alimentó ayer; recoge el pan fresco de hoy.
Actúa: hoy, deja que la Escritura llegue primero a la mesa — lee Mateo 4:4 y un salmo antes del primer bocado del desayuno.