“Respondió José a Faraón, diciendo: No está en mí; Dios será el que dé respuesta propicia a Faraón.”
José acababa de salir de la mazmorra cuando es llamado ante el hombre más poderoso del mundo conocido. Dios puede cambiar radicalmente tu dirección en el espacio de un solo día.
Faraón había oído que José interpretaba sueños, y este era el momento perfecto para que José impresionara al rey con su propio talento. En cambio, apunta de inmediato hacia Dios.
José niega tener ese poder por cuenta propia antes incluso de comenzar a interpretar el sueño. La humildad genuina se revela justamente en el instante en que sería más fácil exaltarse.
José coloca la expectativa directamente sobre Dios, no sobre su propia capacidad de acertar la interpretación. Ya había aprendido, en la prisión, a depender enteramente de la fidelidad divina.
Esa misma actitud de dar a Dios el crédito aparece de nuevo cuando José perdona a sus hermanos años después. Un corazón entrenado para apuntar a Dios en la crisis lo hace de nuevo en el perdón.
Actúa: Antes del desayuno, piensa en una habilidad o logro tuyo y ora agradeciendo a Dios en voz alta por ser Él la verdadera fuente detrás de eso.