“Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.”
Jeremías estaba preso cuando llegó esta palabra. Dios habla en los lugares donde todo parece cerrado.
La iniciativa es de Dios: él mismo te pide que lo llames. La oración no molesta al cielo — responde a una invitación.
Dios se compromete a responder antes de que abras la boca. Puede tardar, puede sorprender — pero no calla para siempre.
La oración no es solo pedir; es recibir revelación. Hay entendimiento que solo se alcanza de rodillas.
"Cosas grandes y ocultas": las respuestas de Dios son más grandes que tus preguntas. Él ve desde lo alto lo que tú no ves desde el suelo.
Actúa: antes del desayuno, lleva a Dios una pregunta que vienes cargando — hazla en voz alta y quédate un minuto en silencio, escuchando.