“Y soñó José un sueño, y lo contó a sus hermanos; y ellos llegaron a aborrecerle más todavía.”
Este sueño no vino de la imaginación de José — se cumpliría exactamente como Dios lo había planeado. Lo que parece precoz o incluso arrogante puede ser, en realidad, una revelación genuina.
José tenía apenas diecisiete años y todavía no había aprendido a guardarse ciertas cosas para sí. La honestidad sin sabiduría puede herir relaciones, incluso cuando el mensaje es verdadero.
El texto dice que los hermanos llegaron a aborrecerlo "más todavía" — el resentimiento ya existía antes del sueño, alimentado por el favoritismo del padre. El sueño solo reveló una herida que ya llevaba tiempo abierta.
Este sueño es el detonante de todo lo que vendría después: el pozo, la esclavitud, la prisión y finalmente el trono de Egipto. Dios estaba poniendo en movimiento una narrativa que solo tendría sentido años después.
José sería odiado por la misma familia que un día se inclinaría ante él, tal como predecía el sueño. Ser rechazado ahora no significa que el propósito de Dios para ti haya sido cancelado.
Actúa: Antes del desayuno, escribe algo que Dios ya puso en tu corazón para el futuro, y ora pidiendo sabiduría sobre cuándo y con quién compartirlo.