“Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido.”
Jacob luchó solo, a la orilla del río Jaboc, hasta el amanecer. Algunas transformaciones de Dios solo suceden después de horas que preferirías no enfrentar.
Jacob significaba "engañador" o "el que agarra por el talón" — un nombre que describía toda una vida de manipulación. Cambiar el nombre era declarar que esa identidad antigua había llegado a su fin.
Toda la vida de Jacob había sido conflicto — con Esaú, con Labán, y ahora con Dios mismo. Israel resume toda esa historia de disputa transformada en algo nuevo.
Jacob salió de esta lucha cojeando, con la cadera dislocada, y aun así es descrito como vencedor. A veces vencer con Dios deja una marca visible por el resto de la vida.
Israel dejaría de ser solo el nombre de un hombre para convertirse en el nombre de todo un pueblo, elegido por Dios. Una noche de lucha personal moldeó la identidad de generaciones.
Actúa: Antes del desayuno, escribe una etiqueta vieja que todavía lleva tu nombre y ora pidiéndole a Dios que la reemplace por la identidad que Él ya te dio en Cristo.