“Y respondió Abraham: Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío. E iban juntos.”
Isaac acababa de preguntar dónde estaba el cordero para el sacrificio. Abraham respondió con fe, aun sin saber todavía cómo lo resolvería Dios.
Abraham no dijo "tal vez Dios provea" — afirmó con convicción que Dios mismo se encargaría de eso. La fe habla en futuro certero incluso antes de ver la solución.
En medio de la prueba más dura de su vida, Abraham todavía llama a Isaac "hijo mío" con ternura. La fe severa no necesita endurecer el corazón de un padre.
Esta declaración de Abraham apunta siglos hacia adelante a otro Hijo, otro monte, y otro Cordero que Dios mismo proveería. Este es uno de los momentos más teológicamente ricos de toda la Escritura.
Después de esta respuesta, padre e hijo siguieron caminando lado a lado hacia el monte. La fe de Abraham no lo separó de Isaac — los mantuvo unidos en la incertidumbre.
Actúa: Antes del desayuno, nombra una situación en la que aún no ves la salida, y declara en voz alta: "Dios mismo proveerá" — sin exigir la respuesta ahora.