“y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero; porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?”
Las personas más poderosas de la tierra claman a los montes para que caigan sobre ellas — un cuadro asombroso de cómo toda protección humana falla ante Dios.
No temen una fuerza abstracta, sino un rostro — el de Dios mismo, sentado en el trono, cuya presencia ya no puede evitarse.
Es extraño y solemne oír 'la ira del Cordero' — el que murió por pecadores es el mismo que vendrá a juzgar a quienes rechazaron su gracia.
Ya no es una advertencia lejana — 'ha llegado' es un hecho consumado, recordándote que la paciencia de Dios tiene un límite fijado.
La pregunta '¿quién podrá sostenerse?' no tiene respuesta humana — solo los cubiertos por la sangre misma del Cordero permanecen de pie ese día.
Actúa: Hoy, examina si estás escondido en las peñas o escondido en el Cordero — y si aún no has confiado en él, entrégale tu vida ahora mismo, en oración.