“Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso.”
En el mismo día que celebramos al niño de Belén, la Escritura también muestra quién es él en realidad — el Señor Dios Todopoderoso.
Alfa y Omega son la primera y la última letra del alfabeto griego — Dios se declara el principio y el fin de todo lo que existe.
Ningún tiempo verbal escapa de Dios — pasado, presente y futuro están igualmente bajo su dominio, sin principio ni fin para él.
Este es el mismo Señor que se acostó frágil en un pesebre — el Todopoderoso eligió hacerse pequeño sin dejar de ser quien siempre fue.
Todo el recorrido bíblico, del Edén al Apocalipsis, converge en esta declaración — el niño que nació es el mismo que reina eternamente.
Actúa: En este día de Navidad, antes de cualquier otra cosa, declara en voz alta que el niño de Belén es el Alfa y la Omega, el Todopoderoso de tu vida.