“¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.”
Pablo comienza con '¿o ignoráis?' porque esta verdad es fácil de olvidar en medio de la rutina — detente ahora y deja que penetre de nuevo.
El mismo Espíritu que llenaba el templo en Jerusalén ahora habita en tu cuerpo común — esto convierte cada respiro en un espacio sagrado.
'No sois vuestros' no es una restricción fría, sino el recordatorio de que Alguien pagó caro para llamarte Suyo.
Pablo no separa la fe de la carne — manda glorificar a Dios 'en el cuerpo', porque cómo lo tratas revela lo que realmente crees.
Nota el orden: primero quién eres — templo, comprado, habitado — luego cómo actuar. La obediencia nace de la identidad, no al revés.
Actúa: Elige hoy una decisión concreta sobre el sueño, la comida o el descanso que trate tu cuerpo como el santuario que es, no como una herramienta que agotar.