“Entonces tus oídos oirán a tus espaldas palabra que diga: Este es el camino, andad por él; y no echéis a la mano derecha, ni tampoco torzáis a la mano izquierda.”
Este capítulo reprende a Judá por buscar alianzas con Egipto en vez de confiar en Dios — y es justo ahí, en medio de la terquedad, que aparece la promesa de dirección.
Es extraño e íntimo — la voz no grita desde lejos en el horizonte, habla de cerca, detrás de ti, como alguien guiando de cerca tus pasos.
'Cuando te vuelvas a la derecha o a la izquierda' es exactamente el momento en que más necesitamos claridad — la voz de Dios no llega demasiado tarde.
La instrucción es simple y directa, sin margen para confusión — Dios no habla en enigmas cuando se trata de guiar a quien realmente quiere escuchar.
Una voz detrás de ti solo la escucha quien está lo bastante quieto para oír — la promesa exige que desaceleres antes de girar hacia cualquier lado.
Actúa: Antes de tomar la próxima decisión importante hoy, quédate en silencio por dos minutos y pídele a Dios que te muestre claramente el camino.