“porque Jehová de los ejércitos los bendecirá diciendo: Bendito el pueblo mío Egipto, y el asirio obra de mis manos, e Israel mi heredad.”
Isaías 19 pasa la mayor parte del capítulo anunciando juicio contra Egipto — y luego, sin aviso, termina con esta bendición sorprendente y generosa.
Egipto era el antiguo opresor de Israel en la esclavitud — llamarlo "pueblo mío" es un giro que solo la gracia de Dios podría escribir.
Asiria era el imperio que amenazaba destruir a Israel — Dios reclama incluso a ese enemigo como su propia obra, moldeada por sus propias manos.
Israel mantiene su lugar único y amado — pero ahora al lado de naciones que antes eran solo enemigas, unidas en una misma familia de bendición.
Siglos antes de que Pablo escribiera que no hay judío ni griego en Cristo, Isaías ya revela a un Dios cuyo plan siempre incluyó a todas las naciones.
Actúa: Nombra a una persona o grupo que veías como adversario, y ora hoy pidiendo a Dios que también los llame su pueblo y su obra.