“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.”
Este anuncio viene justo después de que Isaías describiera a un pueblo caminando en tinieblas — la promesa de un hijo brilla exactamente donde la esperanza parecía haberse acabado.
"Nacido" habla de su humanidad real, "dado" habla de un regalo deliberado de Dios — él no simplemente sucedió, fue enviado con propósito.
Poner el principado sobre el hombro es imagen de un peso cargado con fuerza suficiente — ningún imperio humano ha sostenido jamás esa carga sin quebrarse.
Admirable Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz — cada nombre describe un aspecto de quien solo puede ser plenamente divino y plenamente presente.
El último título es el que más sorprende en un tiempo de guerra — el hijo prometido no viene solo para ganar batallas, viene para traer paz duradera.
Actúa: Ora hoy usando cada uno de los cuatro nombres de este versículo, diciendo específicamente dónde lo necesitas como Consejero, como Dios Fuerte, como Padre y como Paz.