“Porque mía es toda bestia del bosque, Y los millares de animales en los collados.”
Dios habla como quien no necesita inventario — cada animal del bosque y cada rebaño en los collados ya le pertenece. Nada escapa a su posesión.
Este salmo reprende a quien pensaba alimentar a Dios con sacrificios, como si él pasara hambre. Tu ofrenda nunca fue para suplir una carencia suya.
La imagen exagera a propósito: no un collado, sino mil. La abundancia de Dios sobrepasa cualquier cálculo que intentemos hacer de su provisión.
Si todo ya es suyo, lo que ofrecemos no lo enriquece — expresa nuestra propia gratitud. Damos porque recibimos, no porque él carezca.
Si todo animal y cada collado le pertenecen, su provisión para ti nunca depende de circunstancias escasas. El dueño de todo nunca se queda sin medios.
Actúa: aparta hoy una ofrenda concreta — tiempo, recurso o servicio — y entrégala a Dios no por obligación, sino como gratitud por todo lo que ya es suyo y él te confió.