“Digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, Y el hijo del hombre, para que lo visites?”
David contempla las estrellas antes de hacer esta pregunta — cuanto más vasto parece el cielo, más pequeño se siente ante él.
'Qué es el hombre' no es retórica vacía — es el asombro genuino de alguien que midió su propia pequeñez contra la inmensidad de Dios.
El asombro de David no es sobre el tamaño del universo, sino sobre el hecho de que Dios se acuerda de algo tan pequeño como nosotros.
Ese cuidado no es distante ni genérico — es personal, activo, el tipo de atención que un padre da a quien ama de verdad.
El valor humano no nace de logros ni de tamaño, sino del simple hecho de que el Creador del universo elige importarle.
Actúa: mira el cielo esta noche, aunque sea por un minuto, y agradece en voz alta a Dios por acordarse de ti específicamente.