“Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y él hará.”
En hebreo, 'encomendar' significa literalmente hacer rodar la carga sobre otro. Dios te invita a traspasarle el peso entero.
Dios pide tu camino, no solo el destino — los planes, la ruta, los tiempos. La entrega a medias conserva toda la ansiedad.
El salmo dice que confíes en él, no en un resultado garantizado. Quizá no veas la ruta, pero conoces al Guía.
La promesa queda del lado de Dios: 'él hará'. Lo que sueltas no cae al suelo — él lo toma en sus manos.
Como el trigo que madura sin ruido, la obra de Dios en tu camino suele ser silenciosa. La quietud no es ausencia de avance.
Actúa: antes del desayuno, escribe en un papel la carga más pesada de hoy, ora el Salmo 37:5 sobre ella y deja el papel — y el peso — con Dios.