“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”
El evangelio no comienza con tu esfuerzo, sino con el corazón del Padre. "De tal manera amó Dios" — así empieza la historia.
El amor se mide por lo que entrega. El Padre no dio cualquier cosa — dio a su propio Hijo, lo más precioso que tenía.
"Todo aquel que en él cree" — la puerta es lo bastante ancha para tu nombre. Nadie queda fuera por falta de invitación.
La fe no es un logro; es confianza. Este regalo no se compra — se recibe con las manos abiertas.
La vida eterna no es solo el después; comienza en el momento en que crees. Tu hoy ya forma parte de ella.
Actúa: antes del desayuno, di Juan 3:16 en voz alta poniendo tu nombre en lugar de "el mundo" — y deja que esa verdad marque tu día.