“No tendrás dioses ajenos delante de mí.”
Antes de cualquier otro mandamiento, Dios establece un lugar — este ordena a todos los demás, porque todo comienza en a quién adoras.
"Delante de mí" puede leerse como "en mi presencia" — no hay espacio en la vida delante de Dios para rivales escondidos.
Un dios es cualquier cosa que recibe tu tiempo, tu confianza y tu temor más que el mismo Dios — el nombre cambia, el principio no.
Este mandamiento no nace de la inseguridad, sino del amor exclusivo — como un cónyuge fiel, Dios se niega a compartir su lugar.
Cada mandamiento siguiente depende de este primero — poner a Dios en su lugar correcto hace posible amar al prójimo de la manera correcta.
Actúa: Antes del desayuno, nombra en voz alta algo que ha estado compitiendo por el primer lugar en tu corazón y entrégaselo a Dios en oración.